A menudo pasamos el día quejándonos porque no podemos obtener las cosas que queremos. A veces se trata de un auto nuevo, una mejor computadora, la ropa de moda o tal vez una mejor casa. Creemos que el verdadero valor de las cosas viene dado por la etiqueta que marca el precio o las horas que debes trabajar para poder tener ese objeto que tanto deseas. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en lo afortunados que somos.

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Pensamientos

Según las estadísticas económicas mundiales, si tenemos un techo sobre nuestras cabezas, comemos tres veces al día y tenemos algo de cambio en el bolsillo pertenecemos al 25% de personas privilegiadas en el mundo. En efecto, si alguna vez has hablado con una persona que haya pasado por una mala racha y ha perdido su hogar o si tú creciste en circunstancias difíciles debes estar familiarizado con la terrible angustia de no saber qué será de tu vida al día siguiente. Cuando evalúas tu vida actual desde esa perspectiva, te das cuenta de que tus necesidades básicas de supervivencia están completamente cubiertas y tienes todo para ser feliz, sólo te falta la actitud.

El valor de las cosas no está dado por el dinero, sino por las funciones que cumplen en tu vida. Si tuviste una vida dura, sabes que es así pues el no tener mucho te ayuda a evaluar de forma objetiva tus necesidades, aprendes a priorizar tus gastos y aprendes a apreciar esos pequeños detalles. Si comes chocolates todos los días, es sólo un postre más y ya, pero si sólo puedes comerlo en ocasiones especiales se convierte en algo único y maravilloso, puedes apreciar su sabor y textura al máximo y guardas el momento en tu corazón.

Es por ello que en esta vida sencilla, en la que tenemos acceso a cientos de cosas es sencillo dejar de apreciar las cosas pequeñas y sencillas que bendicen nuestra existencia. Desde el plato de comida que tienes ante ti hasta privilegios como una computadora y una conexión a internet, que te permite tener el mundo entero al alcance de un click. De allí la importancia de reevaluar y plantearnos los verdaderos objetivos de nuestra existencia: ¿trabajas para tener un montón de dinero y abandonas tu familia? ¿La frustración de no tener todo lo que crees necesitar no te permite disfrutar el presente? ¿Le enseñas eso a tus pequeños?. Abandonar el apego hacia las posesiones materiales nos permite poder apreciar las cosas verdaderamente invaluables: el calor de tus seres queridos, una sonrisa, un día soleado, un ‘te quiero’ y apuesto que aunque no tengas una cuenta bancaria de diez cifras eres rico en afecto y en talento.

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